miércoles, 9 de diciembre de 2015

Monegros XXIV...

Pues ya hemos comido.

El tiempo pasa volando y a lo que nos damos cuenta hemos terminado la vigesimocuarta edicion de Monegros. Esta año, la propuesta eran 130  kilómetros por etapas distribuidos entre Fraga y Peñalba, entre paisajes difíciles de imaginar cuando hablamos del desierto monegrino. Y los hemos disfrutado mucho mucho, aunque poquitos, muy poquitos.



Eran 130 en el recorrido oficial y sin embargo y gracias a la poca participación, han sido algún kilómetro más y alguno menos para cada uno de los equipos participantes que se han animado a disfrutarlos. Han sido en total los que cada equipo ha querido porque todos han podido decidir su ruta y sus horarios, sin alterar el ritmo del grupo. Algunos kilómetros menos para los que no tenían todo el finde de fiesta y los que no habíamos podido entrenar lo suficiente y algunos más para Álvaro y Elvis que ampliaron su recorrido del último día repitiendo la circular reacios a volver a casa. Parece que ha sido una edición dedicada sin querer, a nuestra querida categoría z que permite a cada equipo hacer su máxima en unas condiciones perfectas, con el mismo premio y aplauso que los demás. Incluso los equipos que normalmente organizan han salido a estirar las piernas



Pues nos ha hecho buen tiempo.

Que para un musher monegrino significa que no ha salido el sol hasta el último día en el que merecíamos una animada comida con su correspondiente cabezadita en el portal del Alla Dins. Podría haber hecho más frio y aunque nos han respetado unos constantes (y puñeteros) 13 grados, no hemos bajado más allá de los 4.
Cierzo, querido, te hemos echado de menos, cómo nos jode decirlo. Pero aun sin cierzo sí que nos hemos abrigado y hemos disfrutado del casi invierno de este rincón oscense de monegros, verde y arbolado. Con la primera salida pudimos admirar un precioso y rápido atardecer y despertarnos cada día con nieblas espesas y un tímido sol siempre oculto tras un cielo helado. Sin sol, no se habían secado los charcos de estos días atrás y en la etapa del domingo todos recargaron con el agua fria las ganas y hasta las pilas del gps y algún frontal.





Qué silencio, qué tranquilicos estamos

Ha sido el toque de esta edición, hemos estado en familia y no hemos tenido muchos problemas de aparcamiento ni nos ha faltado sitio en las chimeneas para secar zapatillas :) Hemos convivido tranquilos y hemos podido charlar todos juntos en cada desayuno. Y eso lo ha hecho más campestre, la calma y la serenidad del monte se respiraba en los dos mases que nos han valido de refugio. En Peñalba, hubo algo menos de quietud, porque se aercaron sobre todo los niños del pueblo a preguntar por los perros y a acariciarlos. Además del mas de San Isidro desde el ayuntamiento nos prestaban las instalaciones del pabellón y desde aquí les agradecemos de nuevo las facilidades que nos dan año tras año y sentimos haberles defraudado quizás, con poco movimiento perruno. También en Peñalba tuvimos algo de fiesta nocturna y además de los niños del pueblo vinieron a visitarnos grandes amigos de la Travesía, un poco mas viejos pero igual de sinceros.



Qué sitio más bonito. 

Y es que el recorrido por esta zona de los monegros es impactante, en pocos kilómetros sales y entras en la Serreta Negra en la que además de sus famosos ciervos puedes compartir ruta con un sinfín de pajarillos, rapaces diurnas, nocturnas, algún zorro curioso y muchos conejicos. La zona es tan tranquila que no es dificil ver bichos, si vas en silencio y disfrutando. Sacar la cámara y frenar al mismo tiempo ya es algo distinto. Al terminar cada etapa era parte del ritual contar qué había visto cada equipo y otras anecdotas del camino como las bajadas, que parecían más peligrosas en el libro de ruta, que con la adrenalina subida.  "Nunca me hubiera imaginado unos paisajes así por estas tierras" decía Álvaro un ratito antes de la comida de despedida.




Maño qué bien. 

Es el resumen de este Monegros de escasa participación pero de grandes momentos. Nos habría gustado atraer a más público, puede. A más participantes, tal vez. Tener un gran despliegue de medios para promocionarnos, fotografiarnos... Tener dinero extra para poder seguir invitando a los estudiantes en prácticas de la facultad y hacer ropa bonita o pegatinas para el coche. Sería un puntazo poder pagar una buena mariscada de fin de fiesta y sortear como no, una pick up, claro. No ha podido ser en esta edición y sabiendo ahora cuánto hemos disfrutado de nuestros perros, de la Travesía y de cada uno de estos pequeños momentos, puede que la siguiente sea igual de austera e inolvidable. Como siempre, nos vamos todos con el mejor premio de sumar kilómetros y recuerdos, y un precioso trofeo hecho con el cariño impagable de un extraordinario esfuerzo.




El año que viene... ¡¡¡vicentico, vicentico, vicentico!!!

Gracias Igor e Ikatz, Jaime, Bufer y Laura, Álvaro y Elvis, Jaume, Marta y Dana y Taca, Nacho y Mon, Noemí y Jos y Acher y Milvus, Acme, Tardis, Jackie, Uhu y Glück. Muchas gracias.



Isis

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